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La Glorieta de los Insurgentes

La Glorieta de los Insurgentes
Melissa Galván

El Metro crearía un ciudadano nuevo: sin neurosis, fresco, relajado, que en cuestión de minutos se transportaría cómodamente sentado en un vagón, evitando semáforos, embotellamientos, la lentitud de los trolebuses y la pesadilla que fue durante años viajar apretujado entre empujones, o bien, colgado en la puerta de los autobuses. Sin imaginarse que, al pasar los años, la calidad de ese nuevo sistema de transporte se deterioraría y que el número de usuarios al día subiría a 60 mil en 2012.

Pulsante, excitante y ruidosa, la Glorieta de Insurgentes fue construida dentro del proyecto urbano de la primera línea del Metro en 1969, último año del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz. Añejos edificios a su alrededor parecían mirarla azorados. Era la escenografía del mundo que se aproximaba: una ciudad ultradinámica, dotada de circuitos, desniveles y un espacio abundante abierto a todo tipo de público y funcional para una plaza urbana que albergaría boutiques, bares y lujosos restaurantes.  Trazada en las avenidas Insurgentes, Chapultepec y Oaxaca, conecta la colonia Roma y la Zona Rosa, de ahí el color de la línea 1.  Actualmente, el Metro, el Metrobús, el flujo de automóviles que avanzan en un sólo sentido y los mismos peatones la convierten en el centro de reunión y exaltan su estructura cilíndrica.

El Sereno - Glorieta de InsurgentesEn medio de este círculo que conecta el norte y sur de la ciudad, centro y poniente, se encuentra un trasnochador orgulloso, en pie y mirando a lo alto, con su espada y su porra, se erige y no juzga el tipo de vestimenta, la desgracia económica o la transformación, su nombre: el Sereno. Instaurado como homenaje al nacimiento de la seguridad pública en la Ciudad de México iniciada en 1792, el Sereno cuida de toda persona que transita por la Glorieta, día y noche, siempre vigilante, aunque el tiempo haya desvanecido su quehacer y ya no se escuche la frase tan conocida que le dio su nombre: “las doce de la noche y todo sereno”.

En la Glorieta se puede apreciar desde los relieves en piedra con motivos de inspiración maya, la azotea verde que fue pensada como una alternativa para mejorar la calidad del aire y ahora usada como basurero, hasta el mural que representa el underground de Londres en el interior del Metro, características que representan un sitio de modernidad fantasiosa, libertad, apariencia y de expresión. Es el escenario perfecto para una película de ciencia ficción, como Total Recall, estelarizada por Arnold Schwarzenegger en 1990, donde el futuro tiene como telón de fondo el Metro de la Ciudad de México, la estación Insurgentes y su plaza aledaña.

Los túneles de la Glorieta están invadidos por ambulantes que venden una amplia variedad de productos: discos y películas piratas, dulces, lámparas,…el bonito detalle para el niño y para la niña. Se respira el olor a orines, al thinner empleado para las monas y a sudor. En la circunferencia de la glorieta existen trece cafés internet, atiborrados la mayor parte del día. El mundo interplanetario fue reemplazado por baños públicos, farmacias de similares, misceláneas, tiendas de productos para la calvicie, la gordura y la impotencia, locales de lotería, peluquerías de a 10 pesos y consultas médicas de a 25. Su cortina visual son una numerosa cantidad de anuncios comerciales. En las bancas, los novios se besan, se pelean, conversan. Las cumbias, salsas y reggaetón emergen de los puestos  que rodean la Glorieta.

Lo que caracteriza a la Glorieta de Insurgentes de otras glorietas de la ciudad es su diversa cultura implementada por todos los asistentes que la usan como punto de referencia. Como incentivo a esa cultura comunitaria, desde hace 17 años opera el Centro Cultural Xavier Villaurrutia, un aula que se ha propuesto dar servicio a los grupos sociales, sobre todo de los sectores más marginados e instancias que lo requieran. Gracias a ese recinto, muchas agrupaciones musicales han tenido la oportunidad de ofrecer un pequeño concierto en la Glorieta; y artistas han podido difundir sus obras en distintos puntos de la ciudad.

La Glorieta de Insurgentes no es la más bonita, pero sí la más incluyente: es el espacio de comerciantes, estudiantes, músicos y profesionales que viajan en Metro o Metrobús. Por ahí pasa la secretaria, vive el indigente, asalta el ladrón, trabaja el bolero y se esconden los adolescentes que se fueron de pinta. Entre diversas tribus urbanas, se reúne la comunidad lésbico-gay, los skatos con sus patinetas, los hip-hoperos creando rimas, los rockabillies con su pulcra estética y rebeldía; los góticos y darketos con su extravagante vestimenta negra e imagen pálida; los emos que se cubren un ojo con el cabello y cortan sus muñecas. Ahí buscan diferenciarse del otro y a la vez encontrar un punto en el que la diversidad se ponga de acuerdo. Es la sala de espera, el sofá, el café, la lonchería a cielo abierto, el ring de luchas y el escenario para encuentros amorosos.

Después de 44 años de existencia, la imponente Glorieta de Insurgentes vive en constante transformación, día y noche, siempre agitada por la cantidad de transeúntes que apunta a un millón como mínimo. Eso la convierte en el estandarte de la diversidad, en la representación de los mexicanos… en el ombligo de la ciudad.

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