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¡Jamaica vive!

¡Jamaica vive!
Diana Flores

Guillermo Prieto número 45. Desde afuera todo es caos: autos y peatones se disputan el paso unos con otros hacia la entrada del mercado, a esto hay que agregar que el puestito de tamales y el de dulces variados. Hacen todavía más complicada el acceso…

Localizado en la delegación Venustiano Carranza, en la esquina de Avenida Congreso de la Unión y Guillermo Prieto, este mercado fue inaugurado el 23 de septiembre de 1957 durante el mandato de Adolfo Ruíz Cortines, quien pretendió una visión modernizadora para los mercados; sin embargo su historia se remonta a muchos años atrás.

Durante el esplendor de la Gran Tenochtitlán, el lugar se distinguió por tener sembradíos de maíz y por la fertilidad de su terreno. Hacia finales del porfiriato tuvo gran auge debido a que en esa zona corría un extenso canal donde vendedores indígenas con chinampas y trajineras transportaban y comercializaban diferentes productos (sobre todo flores. que siempre fue la especialidad). Pronto la urbanización acabó con el comercio: en lugar de la corriente fluvial se establecieron las vías del ferrocarril y la estación ferroviaria Río Frío, donde se reubicaron los floristas y se agregaron los vendedores de frutas y verduras.

 

Jamaica Vive

… Después del alboroto en la calle, por fin es el turno de pasar, pero al cruzar la puerta el panorama cambia completamente. El caos y tumulto es ignorado por los constantes bombardeos a los sentidos. El primero es el olfato, perfumes naturales inundan el lugar, de pronto la armonía y alegría se conjugan para brindar un aroma fresco, agradable y dulce con una mezcla de rosas, gardenias, lavanda, jazmines y camelias.

A la par, el sentido visual es embestido con un sin fin de colores y con una amplia variedad de tonalidades verdes, rojas, amarillas, rosas, azules y moradas, colores divinos, sí, divinos, pues el hombre jamás los podrá igualar. Las texturas saltan a la vista pues van desde lo más sutil y suave hasta lo rugoso y duro que, con las lonas que penden del techo, las cuales permiten pasar el haz de luz necesario, hacen un trabajo extraordinario para el contraste de luces reflejado en las flores. Aquello es una natural obra de arte…

Abierto de día y de noche, los 365 días del año, aquel lugar no pierde, en ningún momento, la herencia prehispánica y esencia de tianguis: el regateo, las marchantas y el descuento.

Con más de 1,300 puestos dedicados a la venta de flores, arreglos florales, plantas ornamentales y accesorios para la decoración de éstas, y con 5 000 tipos de flores internacionales y nacionales; es que éste mercado se ha convertido en el más popular en su especie en el Distrito Federal y el favorito para la compra de estos productos.

Además de sus flores, el mercado ofrece puestos de comida tradicional mexicana como carnitas, barbacoa, quesadillas, tortas y antojitos; también cuenta con locales de ropa, productos lácteos, carnes frías y abarrotes; todo lo que un tradicional mercado mexicano engloba.

Jamaica vive… El frío te invade y la piel se pone chinita, aunque apenas es percibido ante el calor humano de la muchedumbre, es humedad que sirve para conservar tanta belleza fresca…

Entre todo este asombro de olores y el impacto visual, se escucha a lo lejos un susurro que pronto se hace murmullo y con más atención se convierte en bullicio: es la musicalización de la hermosa vendimia del lugar, son los comerciantes que te invitan a comprar: “Pásele marchanta”, “¿Qué busca? ¿Qué  le ofrezco”, “Acá le doy más barato”.

¡Jamaica vive! Y contiene vida en cada rincón. Todo es una fiesta con los sentidos, olores, sonidos y colores que construyen una perfecta sinfonía de tradición. Es el Mercado de las Flores de Jamaica que provoca esta maravilla natural.

Fotografías por Salvador Bokeh.

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